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EL HAMBRE EN VENEZUELA

El hambre gana terreno

en Venezuela

 

Por Reina Delgado

 

Juan dice que solo desayuna y cena para poder equilibrar su ingesta alimenticia diaria; por su parte, María dice que apenas ingiere algunas calorías al día, pues su prioridad son sus dos niños pequeños; José prefiere que su octogenaria madre coma las proteínas y él se conforma con las harinas y otros carbohidratos… Así van pasando los días de los venezolanos en Venezuela, quienes buscan sobrevivir a la crisis que los ha acompañado en los últimos años y que se ha agudizado notoriamente día tras día.

 

Las calamidades se huelen, se viven y se lloran a diario. Para conseguir comida, cualquier ciudadano de a pie debe hacer largas colas el día de la semana que le corresponde, según su terminal del documento de identidad. Si tiene suerte, llevará algunos kilos de harina para las famosas arepas, alguno de arroz y un poco de aceite o, quizás toque esperar por una caja con determinados alimentos que mes a mes -en el mejor de los casos- llega a las puertas de unos pocos.

 

Estudios aseguran que más del 75% de las familias venezolanas no disponen de los ingresos para pagar la canasta básica, en una economía que combina escasez con hiperinflación.

 

Sin ir muy lejos, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), acaba de publicar un informe en el que refleja que Venezuela y Belice son los únicos países en América Latina donde el hambre avanza, en contraposición de todos los demás países de la región donde la situación parece mejorar.

 

“El número de venezolanos infra alimentados alcanzó los 3,7 millones (aproximadamente el 12% de la población) en el periodo 2015-2017. Según los últimos datos disponibles, son casi un millón de personas más que una década atrás. Este deterioro impulsa el alza del dato de subalimentación del conjunto de América Latina, a pesar de las mejoras en el resto de los países del continente, dice el informe.

 

El estudio La seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo muestra también un paradójico aumento de la obesidad entre la población adulta venezolana -que pasa del 23% en el lapso 2004-2006 al 25% en los dos últimos años- y un incremento de la anemia entre mujeres en edad reproductiva, que ya es del 24%, un punto más que en el periodo anterior. 

 

La ONG Provea, también ha advertido en repetidas ocasiones la gravedad de la situación. Sostienen que nueve de cada 10 venezolanos no pudieron pagar su alimentación diaria en 2017, año en que se registraron los peores indicadores sociales, en casi tres décadas en el país.

 

Son numerosas las razones por las cuales Venezuela atraviesa hoy este gran desequilibrio, tanto la FAO, como PROVEA y otras organizaciones que han estudiado el caso, coinciden en que la falta de producción nacional y la dificultad para hacer importaciones, suman entre las causas. Además, el gobierno parece querer centralizar todo lo que tiene que ver con el tema a través del llamado Carnet de la Patria, medio por el cual los venezolanos que lo poseen reciben bonos frecuentemente, los cuales apenas alcanzan para algunos huevos o un poco de pan y también a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), organización que lleva una caja de comida con frecuencia irregular a la puerta de algunos hogares, todas con alimentos importados de México, Brasil y Bolivia, entre otros.

 

El problema de la alimentación se une a la escasez y los altos precios de las medicinas, por lo que numerosas organizaciones y diversos altos personeros de gobiernos amigos han pedido que se declare un estado de crisis humanitaria que permita ingresar ayuda extranjera al país sudamericano, pero el gobierno se ha negado rotundamente, aludiendo que tal ayuda se traduciría en una invasión.

 

Lo cierto es que mientras los venezolanos encabezan la lista de países donde el hambre impera, otros tantos apuestan a huir del país en busca de mejores caminos y tal como pasa en la isla de Cuba, procurando poder enviar dinero a sus seres queridos para que puedan adquirir productos a los precios que la hiperinflación impone y mitigar las penas que derivan de la humillación de comer lo que hay y no lo que se necesita o provoca.

 

Tender una mano es la esencia del ser humano y Venezuela lo necesita invariablemente, cada día más. Minuto a minuto, la situación tensa la esperanza y desvanece la fe. Por lo tanto, el llamado es a brindar esa mano a los cientos de venezolanos que siguen padeciendo dentro del territorio… Y es que Venezuela no puede quedarse sola, necesita manos cercanas dispuestas a llenar corazones y estómagos… Ya muchos han dado grandes primeros pasos:

 

  • Fundación Bengoa.
  • Fundación Dale la mano a un hermano.
  • Fundación Comparte por una vida.
  • La olla solidaria.
  • Fundación Manos por la salud.
  • Un bombón para alimentar un corazón.

Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ENCOVI, solo el 42,97 % de los venezolanos come algún tipo de lácteo, 34,68  % huevos y solo el 28,72 % tiene acceso a frutas. El estudio señala que el consumo de carnes se ha convertido en un lujo, y que el 87 % de los encuestados no tiene suficientes ingresos para la compra de comestibles. Además, se reveló que el 72 % del salario de los venezolanos es usado para comprar alimentos.

Fuente: Revista Semana

 

 

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