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LOS DÍAS VEGANOS DE GRACIELA SCARIATO

Los días veganos de Graciela Scariato

 

Por Reina Delgado Lander

 

“El veganismo no es una dieta, es un estilo de vida. Los veganos no comemos, no usamos ni participamos en el abuso animal”.

 

¿Cómo te iniciaste en el veganismo?

Tenía casi 6 años cuando mi madre me dio una sopa donde había un hueso. Le pregunté si era de perro, de gato o si era del abuelo, ella se rió a carcajadas y me dijo que ni los perros ni los gatos ni los abuelos se comen. Fue entonces cuando respondió que el hueso era de una vaca, lo que sentí como una puñalada en mi corazón, porque habíamos ido a la casa de una tía donde había vacas y cerditos y los vi jugar con la misma alegría que lo hacen un perro o un gato. Le dije que no quería comer eso, que me parecía horrible y una traición hacia los animales. Lo sacó del plato y solo comí las verduras.

 

¿…Y los años siguientes?

Fue muy difícil para mí entender que había nacido en un país (Uruguay) donde todos comen carne (cadáveres). En la adolescencia, en varias ocasiones comí carne para ser aceptada en el liceo, ya que los otros se burlaban de mí y no querían jugar conmigo, pues decían que yo era rara. Cuando comía, iba al baño o atrás de un árbol donde no me vieran y vomitaba. Mi abuela me ponía en una mesa separada de todos, porque yo no comía las gallinas que ella mataba. Era como una penitencia.

 

A los 13 años sufrí de bulimia, justamente porque no quería ningún cadáver en mi cuerpo. Siendo una adolecente, me fui de mi casa y crucé México (Tijuana), pues no soportaba la hipocresía de mi familia y la falta de interés en ayudarme; por el contrario, yo era para ellos la “oveja negra”.

 

¿Cómo afrontaste un cambio tan radical?

Cuando llegué a Nueva York no hablaba inglés ni tenía residencia, fue muy difícil conseguir trabajo y comida vegana, por lo cual comía lo que había. A los 25 años ya conocía la ciudad y los lugares donde comer vegano, entonces volví al veganismo. Siempre fue incómodo hablar del tema con quienes amaba, por ejemplo con mi esposo, ya que todos me decían lo mismo: que éramos omnívoros, pero mi corazón siempre me dijo lo contrario; los animales son mis amigos, no son comida. Vomitaba en ocasiones si ingería algún producto animal, ya que tenía miedo a ser rechazada por mi pareja y amigos, como fui rechazada por mi familia.

 

¿Cuáles han sido los principales beneficios que has encontrado en este estilo de vida?

Son muchísimos; acostarme a dormir sin las manos manchadas del asesinato de inocentes -porque sostengo que comprar en el supermercado productos animales es un asesinato- es, sin duda, uno de los más importantes beneficios. Además tengo muchísima energía, ya que si nos nutrimos de los aminoácidos, fibra, electrolitos, minerales que están en las frutas, verduras, nueces, etc… digerimos más rápido que aquellos que consumen carnes, cuya digestión les hace consumir mucha energía. Yo uso poca para digerir y tengo energía suficiente para curarme y limpiar mi cuerpo.

 

Más allá de los beneficios internos – que son muy importantes- ¿has visto beneficios externos?

¡Claro! Mi piel es la de una chica muy joven, cumplí 51 años y tengo el cuerpo de una mujer de 20 y la cara de 38 años, eso es lo que las personas me dicen. No visito doctores desde hace como 20 años. Soy admirada por muchas personas, quienes quieren tomar el camino del veganismo. Siento paz y alegría en mi corazón.

 

¿Qué alimentos no pueden faltar en tu nevera y despensa?

En mi nevera no pueden faltar las frutas, verduras, tahini, algas, aceitunas y en la despensa no pueden faltar las nueces, semillas de hemp, espirulina, chlorella, maca, matcha, té Verde, castañas de Cajú o merey, semillas de chía, semillas de linaza y dátiles.

 

Si alguien quiere seguir tus pasos, ¿cómo debería empezar?

Aconsejo empezar de a poco; por ejemplo, 3 días a la semana sin productos animales, ya que el subconsciente se resiste a los cambios. Después, a la segunda semana un día más, ya serían 4 días y en la semana 3 seguir aumentando los días hasta llegar a los 7 y siempre felicitarse cuando haya terminado el día por haber nutrido el cuerpo y no obstruirlo. Es importante tener paciencia, hacerlo con respeto, amor y conciencia. Entender que la transformación es sagrada y no ocurre en un día; es importante ser gentil, el cuerpo y alma lo agradecerán. Las recompensas son muchas: la vitalidad, la alegría y la liberación los esperan del otro lado.

 

 

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