CONTENIDO


Obesidad Infantil

 

OBESIDAD INFANTIL:

El Flagelo del siglo XXI

Por Reina Delgado Lander

 

Según la Organización Mundial de la Salud, la obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI. El problema es mundial y está afectando progresivamente a muchos países de bajos y medianos ingresos, sobre todo en el medio urbano. Dice la OMS que la prevalencia ha aumentado a un ritmo alarmante. Se calcula que en 2016, más de 41 millones de niños menores de cinco años en todo el mundo tenían sobrepeso o eran obesos. Cerca de la mitad de los niños menores de cinco años con sobrepeso u obesidad vivían en Asia y una cuarta parte vivía en África.

 

Por la boca buscó la opinión de un experto. Así llegamos hasta el Dr. Tomislav Canet, pediatra del Hospital Víctor Sanguineti y quien ha sido docente de las cátedras de Crecimiento y Desarrollo junto con Nutrición de la Universidad Nacional de Rosario, en Argentina.

 

Como todo comienza con la lactancia, el Dr. apunta que es definitivamente la mejor herramienta que tienen los niños para comenzar el camino de su vida de manera óptima. “Esto es así. Ya no hay duda, no existe prácticamente discusión sobre qué es lo mejor que le podemos dar a los niños. De hecho, todas las recomendaciones, desde la OMS y las Sociedades Científicas del mundo, han establecido que la lactancia materna debe ser exclusiva, hasta los 6 meses y luego complementar con otros alimentos por lo menos hasta los 2 años o más”.

 

“La lactancia materna –prosiguió- provee no sólo la energía necesaria y suficiente para que el niño crezca y se desarrolle, sino que el niño lactante autogestiona su alimentación y por lo tanto se alimenta hasta que lo necesita. No sucede lo mismo con las fórmulas infantiles, primero porque ya se está hablando con menos eufemismos y se dice lo que son: son tóxicas, en comparación con la lactancia materna y promueven la obesidad infantil al otorgar más de lo que el niño necesita”.

 

En función de esto, ¿Cómo complementar la lactancia materna 

con la alimentación para el resto de la vida?

 

Si la lactancia materna es el primer paso de una alimentación saludable, el segundo es la alimentación complementaria. Si bien, aún falta mucho que estudiar con respecto a este tema, está ganando adeptos la alimentación complementaria autogestionada por el bebé o BLW (baby led weanning), la cual es: a partir de los 6 meses comenzar con alimentos saludables y variados, pero para esto, las familias tienen que estar acompañadas y asesoradas por el pediatra de cabecera. Con relación a la conducta, el gusto, el apetito y las preferencias alimentarias, se inician temprano en la vida. Es importante saber identificar las señales de saciedad del niño y respetarlas.

 

¿Cuáles son las consecuencias

de la obesidad en los niños?

 

En la infancia y la adolescencia, la obesidad con aumento de la grasa abdominal se asocia a un mayor riesgo de hipertensión arterial, dislipidemias, apneas nocturnas, esteatosis hepática, de alteraciones del metabolismo de la glucosa y de diabetes tipo 2. También están las probables consecuencias psicológicas y sociales de estas alteraciones.

 

¿Cuáles son las consecuencias de que una persona

sea obesa desde  que es un infante?

 

Las consecuencias son acumulativas de lo anterior. Depende de la gravedad del trastorno de la alimentación, las consecuencias negativas y los efectos deletéreos en la salud tardarán más o menos en aparecer, pero aparecerán. La cuestión no es si aparecen o no, sino cuándo. Es así como podemos tener un niño, un adolescente o un adulto con una enfermedad crónica no transmisible, como la hipertensión o la diabetes tipo 2.

 

¿Cómo disminuir los índices de obesidad infantil?

 

Es complejo, ya que la obesidad suele depender casi en el 99% de un desbalance entre la ingesta calórica y el gasto de energía. Entonces depende de la alimentación primero y de lo que el niño hace después. La alimentación es un fenómeno fisiológico pero también lo es psicológico, económico y socio–cultural; es decir, lo que el niño coma depende de una constelación de influencias no siempre del todo claras y las familias están inmersas en dichas influencias, de modas, de tendencias, de cómo y qué tiene que comer el niño, de las publicidades que, sobre todo en los canales infantiles, les pavimentan la cotidianidad. A su vez, lo que el niño hace o deja de hacer también tiene la misma problemática, ya que el exceso de horas que el menor pasa en el día delante de un dispositivo electrónico lleva a que no gaste la energía que consume.

 

¿Cómo podemos ayudar a crear hábitos saludables en los más pequeños?

 

Los hábitos son consecuencia de las elecciones que, sistemáticamente, tomamos todos los días. Para que una conducta se convierta en un hábito hay que trabajarla todo el tiempo, sin excepción. Es antes que nada una construcción de la cotidianeidad. Pero incluso antes de construir el hábito y la elección de ese hábito tenemos que estar plenamente convencidos de que es la conducta a tomar para alcanzar un objetivo.

 

En este caso, los padres del niño tienen que estar convencidos de que adoptar conductas saludables es lo mejor para el niño, porque si no existe el convencimiento, es como construir un edificio con poco o mal cemento, eventualmente se va a caer. Es lo mismo con la salud de los niños, si los principales cuidadores no tienen el pleno convencimiento de qué es lo mejor para el niño, la salud de este se va a caer.

 

Es decir, los padres juegan un papel fundamental…

 

Las prácticas alimenticias de los padres tienen un rol trascendental en el desarrollo de las preferencias y los hábitos nutricionales y, eventualmente, en el peso de los niños. No me gusta hablar entonces de alimentación infantil, sino de alimentación familiar. Lo mismo con el resto de la familia y los cuidadores eventuales. Son los padres, empoderados e informados, los que deciden cuáles son las conductas que atañen la salud de su niño y luego le bajan la línea a los demás, ya que si existen fisuras en el discurso o el seguimiento de este, la construcción del hábito también se verá resentida.

 

Si queremos disminuir los índices de obesidad infantil, solo lo haremos entendiendo esta complejidad y logrando que todos los actores sociales se convenzan y se involucren: las familias, las escuelas, las sociedades científicas, las organizaciones y los gobiernos. Se tienen que crear y adaptar programas integrales concretos que vayan más allá de lo discursivo. Se logra algo comprendiendo, luego programando y por último actuando.

 

Algunas estrategias específicas

pueden ser:

 

  • Un seguimiento más estricto de la salud del niño, con consultas más frecuentes con el pediatra, debiendo toda la familia estar más atenta a la problemática.
  • Promover un estilo de vida activo. Si no hace deporte, hay que fomentar las actividades libres familiares como caminatas o paseos en bicicleta. Jugar con el movimiento genera hábito.
  • Es necesario respetar los horarios de comida y no comer fuera de la mesa, evitando el picoteo
  • Indicar un mínimo de snacks saludables para escolares y adolescentes de 4 porciones diarias de frutas y verduras o de 2 a 3 en los más chiquitos.
  • Respetar el tamaño de las porciones por edad (el tamaño de la mano) y no servir más desde el inicio.
  • En la casa solo deberían haber alimentos saludables para toda la familia.
  • Las golosinas y los snacks empacados o procesados no deberían formar parte de la rutina alimenticia del niño, sino constituir una opción ocasional.
  • No recompensar a través de la comida, ya que se crea un registro erróneo de lo que representa el alimento.
  • La bebida en las comidas es el agua, no las gaseosas, no los jugos industriales: el agua.

Leave Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *