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ALCOHOL Y SEXUALIDAD

ALCOHOL Y SEXUALIDAD:

Una dupla peligrosa

 

Por Jacinta Santos

 

Si bien tanto hombres como mujeres suelen inferir que el consumo de alcohol antes de las relaciones íntimas los desinhiben, esto no parece ser el caso en términos de respuesta sexual.

 

Tanto el Dr. chileno Mauricio Salas Sironvalle, como la sexóloga Alessandra Rampolla, coinciden al afirmar que tanto en hombres como en mujeres, el consumo de espirituosos produce efectos negativos sobre las señales fisiológicas de la excitación sexual.

 

En el hombre, dosis pequeñas causan efectos sobre la calidad de la erección, disminuyendo el goce y la intensidad del orgasmo. “Los efectos fisiológicos del abuso del alcohol producen deterioro orgánico, a veces esporádico, en el funcionamiento sexual del hombre. Un ejemplo de ello es la disfunción eréctil”.

 

“Esta situación puede ser vista como un fracaso por el hombre que la padece y motivo de conflicto con la pareja, generando secundariamente estrés de rendimiento, ansiedad, baja autoestima y por ende, nueva ingesta de alcohol; provocando un círculo vicioso que puede llevar al desarrollo permanente de una disfunción sexual y/o relacional”, sostiene Salas.

 

En el caso de las mujeres, Alessandra Rampolla sostiene que específicamente se ve pérdida inmediata de la sensibilidad en todo el cuerpo, particularmente su genitalia. Y esto repercute directamente en sus posibilidades de alcanzar un orgasmo. Sin embargo, debido a la expectativa afrodisíaca o de liberación moral, la mayor parte de las mujeres reporta aumento en su libido, aun cuando existe evidencia de que su respuesta fisiológica y hormonal se ve drásticamente afectada.

 

Psicológicamente hablando, el uso de alcohol puede afectar a la mujer al causar pérdida de autoestima, ansiedad, mayor exposición a abusos físicos y sexuales y al contagio de enfermedades de transmisión sexual, por tomarse decisiones no responsables bajo los efectos de la bebida. La relación de pareja, por su parte, puede sufrir debido a la dependencia, agravio en la comunicación, aumento en la probabilidad de agresión y abuso y falta de atención al vínculo emocional y sexual que debe compartir la pareja.

 

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